¿Sex on the beach?

¿Sex on the beach?

Sí, es una estampa evocadora y muy excitante: hacerlo en el mar. La idea lo mola todo. Pero cuidado, que tus genitales pueden estar recordándotelo días después, y no de una forma “divertida” precisamente. Sino en forma de picores o irritaciones. Hablemos de los efectos de follar en el mar.

 

Picores, irritaciones e infecciones.

 

La excitación y el morbo de tener relaciones sexuales en la playa nos pueden dejar unos cuantos días/semanas de picores, irritaciones o infecciones. Y por tanto, sin poder disfrutar de nuestros cuerpos serranos en pleno verano. Aunque a priori pueda parecer lo contrario, el agua no sirve como lubricante para la vagina o el ano. De hecho es al revés, ya que puede eliminar hasta el 100% de la lubricación natural de nuestros cuerpos. Los genitales se secan y se irritan las mucosas, por lo que el roce en la penetración puede producir picores, irritaciones, dolor, daños musculares, etc. Además, existe una gran posibilidad de que el condón se salga o se rompa, debido a esa sequedad y a la fricción. Ambas cuestiones se podrían arreglar con un gel lubricante acuoso, pero la incomodidad y los riesgos no acabarían aquí.

También puede parecer muy obvio, pero no podemos olvidar que el agua de las playas, piscinas, ríos, afluentes, pantanos, embalses, albercas y derivados contienen sal, cloro, residuos, jabones, bacterias, cremas, y restos varios de todo lo que nos podamos imaginar. Por tanto, hay  que tener en cuenta que con la penetración, ya sea vaginal o anal, permitimos aunque sea en cantidades ínfimas, la entrada a nuestros cuerpos de estos residuos. Resultado bastante posible: infecciones, hongos irritaciones, picores, etc.

 

Entonces, ¿se acabó el sex on the beach? No tiene por qué. Podemos poner “el agua a hervir”, jugar y divertirnos, y rematar la faena en la orilla o hamaca (no olvides tu toalla, que la arena es igual de “peligrosa” que el agua para estos menesteres). Eso sí, siempre con discreción, que estamos en un sitio público.